¿Cómo controlar la ira con los hijos?

Todos sabemos que criar un hijo no es tarea fácil. Requiere mucho esfuerzo, dedicación, y tiempo por nuestra parte y puede consumir nuestra energía. Pero el reto comienza a hacerse más grande conforme este crece y va desarrollando su personalidad, ya que puede tomar decisiones y hábitos que no son de nuestro agrado.

Por ejemplo, cuando va al colegio pierde el material escolar, no trabaja lo suficiente, trae malas notas y se pelea con los demás. Entonces, su profesora te llama para advertirle de su mal comportamiento y te enfadas con él. O Cuando lo llevas a comprar no para de pedir que le compres cosas que consideras totalmente innecesarias.

Y esto no mejora cuando llega la etapa del instituto, ya que el padre o la madre ve que procrastina demasiado, que no se esfuerza lo que debe y que no va a sacar buenas notas. Además, estando en la adolescencia su comportamiento no ayuda, ya que se pueden poner a la defensiva y plantar cara a sus padres.

Todos estos comportamientos pueden hacer que los padres pierdan los estribos con ellos. Pueden provocar grandes enfados y castigos interminables que no parecen surtir ningún efecto. Llegados a este punto, los progenitores pueden estallar con agresividad y con explosiones de ira hacia sus propios hijos. 

¿Pero por qué sucede esto? ¿Cómo se puede controlar la ira con los hijos, especialmente cuando se comportan de una manera que consideramos errática? Con este artículo pretendemos darte la respuesta a estas preguntas y trataremos de que encuentres una solución para tratar de evitar situaciones desagradables y, lo que es peor, que tu retoño, en el futuro, quiera romper la relación contigo.

¿Por qué pierdo los nervios con mis hijos?

Es habitual que los padres y los hijos se saquen de quicio entre sí. Desde que son pequeños, pueden mostrar comportamientos que “chocan” con la idea que tienen los progenitores de cuál debe ser la actitud de los mismos. 

Como te hemos dicho antes, el comportamiento del hijo en el colegio o en el instituto o el hecho de ver que no se esfuerza lo suficiente puede hacer que los progenitores no sepan cómo reaccionar y su única respuesta sea la ira. Como hemos dicho, lo que puede sacar de quicio a los padres es que estos se comporten de una manera distinta a la que ellos habían ideado en su mente.

Pero al mismo tiempo también existe el factor de la personalidad. Ya que, paradójicamente, cuando los estos tienen una personalidad muy parecida a la de sus padres, pueden “chocar” más y provocar discusiones con mayor frecuencia. Y cuando llega este momento los hijos pueden defender sus posiciones con la misma intensidad que sus progenitores sin ceder.

¿Cómo no perder los nervios con tus hijos?

Lo primero que debes entender para mantener la calma es que los hijos son seres humanos independientes de nosotros. Aunque se pueden parecer a ti, no deben comportarse como tú, ni tomar tus mismas decisiones ni tener el mismo propósito en la vida que tienes en mente para ellos. De hecho, pueden tener una visión del mundo radicalmente distinta a la tuya. 

Esto hará que se puedan “rebelar” contra tus imposiciones. Para que esto no suceda, te vamos a dar una serie de consejos que evitarán que te enfades con ellos de una manera desproporcionada. Así, crearás un clima de confianza y entendimiento que favorecerá que vuestra relación se desarrolle de una manera sana y que ellos aprendan buenos valores.

  1. Escucha a tus hijos. Aunque te cueste, debes dejarles hablar e intentar entender su punto de vista antes de actuar o corregir su comportamiento. Esto favorecerá que haya una mejor comprensión entre vosotros y evitará que ambos perdáis los nervios ante cualquier diferencia de opiniones.
  1. Habla con ellos. A pesar de que puede costar hablar con tus hijos, debes tratar de explicarles tu punto de vista para que entiendan sus responsabilidades. Si directamente les gritas cuando hacen algo mal, no van a entenderlo y aprenderán que gritar es la única manera de solucionar problemas.
  1. Ten paciencia. Recuerda que son niños o adolescentes que todavía tienen mucho que aprender y que enseñarles es tu trabajo. Si pierdes la paciencia mientras les explicas las cosas, no entenderán nada y tú te frustrarás más por ello.
  1. No seas demasiado exigente con ellos. Aunque queremos lo mejor para nuestros hijos y queremos que estudien y trabajen duro, deben tener momentos de respiro. Si los agobiamos con muchas actividades, terminarán cansándose y esto provocará en nosotros un sentimiento de frustración que puede derivar en enfados constantes con ellos.
  1. No les hagas responsables de tu ira. Recuerda que tus hijos únicamente son responsables de su comportamiento, pero tus sentimientos son cosa tuya. 
  1. Analiza por qué te sientes así. Enfadarse es un sentimiento totalmente normal y natural como la alegría o la tristeza. Sin embargo, cuando se convierte en una respuesta habitual, es cuando queda patente que existe un problema. Pregúntate si la ira que estás sintiendo viene del comportamiento de tu hijo o viene de otro lugar. Por ejemplo, en muchos casos, la ira hacia los ellos viene por el estrés acumulado en la jornada laboral. 
  1. Mide tus palabras. Antes de corregir o castigarlos, piensa en la manera más constructiva de decirles que aprendan a no cometer errores. También debes controlar el tono en que lo dices, ya que de lo contrario, tus hijos pueden aprender esa manera de hablar para dirigirse a los demás. Y cuando la usen contra tí te sacarán aún más de quicio. 
  2. Aléjate hasta que te tranquilices. No sirve de nada gritar y perder los estribos delante de ellos. Ya que lo único que conseguirás es entorpecer el entendimiento con ellos y que te tengan miedo cuando son pequeños. Y cuando llegan a la adolescencia pueden haber aprendido que perder los estribos es la mejor manera de solucionar los problemas. 
  1. Nunca utilices la violencia física. Este es uno de los puntos más importantes. La violencia no ayuda en ningún caso, ya que lo único que se enseña es a tener miedo de las consecuencias de sus actos. Es decir, no entienden por qué no deben comportarse así, sino que el hecho de comportarse así desata que sus padres le peguen. Y, una vez más, puede aprender que la violencia es una salida razonable ante cualquier situación que les desagrade.
  1. Aprende a pedir perdón. Muchos padres toman una posición de superioridad moral frente a sus retoños y creen que no deben pedir disculpas aunque se equivoquen “porque para eso son mis hijos”. No tomes ejemplo de este tipo de progenitores, ya que aceptar los errores es signo de inteligencia emocional. Así, conseguirás favorecer el entendimiento y el diálogo con ellos y ellos aprenderán que deben aceptar sus propios errores y disculparse cuando sea necesario. 

Como ves, muchas veces los hijos son el reflejo de la educación que les han dado sus padres y estos deben entenderlo. Por ello es muy importante aprender a gestionar nuestras emociones ante ellos, ya que pueden tomar ciertos rasgos negativos de nuestra personalidad y replicarlos ante los demás. 

Es por esto que te decimos que no es una buena idea educar mediante castigos, descalificaciones, gritos y violencia física. Ya que el único valor que estos extraen de la situación es que es una manera válida de tratar a los demás. Por ello, cuando llegan a la edad adolescente o adulta, pueden tener problemas para adaptarse a la sociedad y nos siguen sacando de quicio.

Para terminar este artículo sobre cómo controlar la ira con los hijos, decir que esperamos haberte ayudado a entender por qué puedes sentirte así con ellos. Nadie ha dicho que ser padre o madre es algo fácil, pero es importante aprender a corregir los errores  en nuestro comportamiento para que ellos no los tomen de nosotros. Así, lograrás tener una relación sana con ellos para toda la vida. 

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