Cuando un hijo no quiere saber nada de su madre

La relación que puede tener un hijo con sus padres es tal vez de las más especiales que se pueden llegar a tener durante toda la vida. Ya que desde el nacimiento (o desde pequeño, si el hijo es adoptado), tanto la madre como el padre se han encargado de sus cuidados y de atender sus necesidades. 

Así, le han dado de comer cuando estaba hambriento, han cuidado de su higiene y le han atendido cuando estaba enfermo. Le han dado la mejor educación que han podido y han intentado que tenga todo tipo de comodidades en el hogar. Siempre, dentro de las posibilidades de cada familia. 

Pero aún así, la relación que establece un niño con su madre suele ser todavía más fuerte, ya que, si el bebé es biológico ha escuchado a su madre durante todo el embarazo. Se ha demostrado que debido a esto, la voz de la madre puede tener un efecto calmante sobre el hijo. 

Normalmente, la relación se desarrolla con el tiempo, pero siempre se mantiene con el mismo nivel de intensidad. Ya que, para el hijo, su madre siempre será su madre, pase lo que pase. Sin embargo, por diferentes causas, hay casos en los que un hijo desarrolla una mala relación con su madre. Es cuando comienzan a surgir problemas de entendimiento y comprensión entre ellos. 

Y, cuando el hijo alcanza la edad adulta, lejos de desvanecerse, las diferencias se agravan hasta llegar al punto que el hijo no quiere saber nada de su madre. Por ello, muchas veces, las madres no entienden por qué ha podido suceder esto y se echan la culpa a sí mismas por el comportamiento de su hijo. Por eso, en este artículo, vamos a tratar de explicar por qué un hijo puede llegar al punto de no querer saber nada de su madre.

¿Qué puede causar que un hijo no quiera saber nada de su madre?

Existen muchas causas por las que un hijo desarrolle una relación complicada con su madre. Algunos tienen que ver con un exceso de atención mientras que otros se relacionan con falta de atención por parte de la figura materna.

Ruptura familiar. Cuando los padres se separan porque han llegado a la conclusión de que ya no pueden vivir juntos, los hijos son los que se ven más afectados y los que más sufren. Es una situación muy complicada para ellos y les resulta muy difícil de entender que sus padres no quieran estar juntos. Muchas veces, tienden a buscar culpables en la situación, y pueden culpar o bien al padre o a la madre. Por ello, con el tiempo, pueden iniciar una etapa de rebeldía que puede derivar en una ruptura total con la figura paterna (o materna, en nuestro caso).

Falta de comunicación. La falta de comunicación y de entendimiento entre la madre y su hijo, cuando es pequeño, puede derivar en el futuro en problemas más graves de comunicación. Esto puede generar discusiones constantes por la distinta manera de entender las cosas.

Falta de atención. Cuando un niño es pequeño requiere mucha atención. Si la madre no le da la atención que necesita, ya sea porque trabaja muchas horas al día o, tal vez por dejadez, probablemente crezca con un sentimiento de abandono que se puede traducir en un rechazo hacia la figura materna.

Que la madre sea demasiado exigente. Por el contrario, si la madre está todo el rato vigilando que haga bien las cosas y le exige demasiado esfuerzo académico, puede que el hijo se rebele y comience a pasar de todo. Esto podrá generar una ruptura psicológica entre ambos. Ya que el hijo traerá malas notas y la madre le castigará por ello, convirtiendo la situación en un círculo vicioso del que será muy difícil salir.

Que la madre sea demasiado estricta. Sucede cuando la madre impone demasiadas normas a seguir al hijo o le carga con demasiadas responsabilidades. Esto puede parecer una buena idea a la madre, creyendo que está enseñando a su hijo a ser responsable. Pero lo cierto es que lo que seguramente está logrando es que su hijo la odie. 

Que no respete sus límites. Cuando una madre rebasa los límites y se mete demasiado en la vida y en las relaciones de su hijo, puede crear en él sentimientos de odio y rechazo hacia ella. 

Cuando la madre presenta comportamientos tóxicos. Una madre excesivamente controladora, que critica constantemente a su hijo y le hace ver que lo hace todo mal puede tener consecuencias desastrosas en la relación que su hijo construye hacia ella. Además, puede dañar gravemente la autoestima y la confianza en sí mismo de su hijo.

Que el hijo padezca un trastorno mental. Cuando la actitud de la madre ha sido la adecuada, ha respetado totalmente los límites de su hijo y ha habido buena comunicación, el problema puede residir en que este tenga una enfermedad mental. No es necesario que sea algo demasiado grave, pero incluso un trastorno de ansiedad o un episodio depresivo pueden despertar estos sentimientos de rechazo.

¿Por qué un hijo adulto rechaza a su madre?

Un hijo adulto puede rechazar a su madre por los mismos motivos que un hijo pequeño puede hacerlo. Cuando el hijo es pequeño, todavía puede haber algún tipo de solución, si el comportamiento de la madre cambia y estos sentimientos de rechazo se diluyen mientras crece. 

Sin embargo, si una persona ha llegado a la edad adulta manifestando su rechazo y desprecio a su madre, es muy probable que el problema no se llegue a solucionar nunca. Ya que, la idea que tiene sobre su madre ya está bien formada y razonada en su mente. En todo caso, si la relación con un hijo adulto es complicada, lo recomendable es no forzar los límites si la madre no quiere que su hijo se aleje todavía más.

Sin embargo, puede darse el caso de que madre e hijo sean conscientes del problema y quieran aprender a desarrollar una relación sana. En este contexto siempre están a tiempo de buscar ayuda profesional. Hay psicólogos especializados en este tipo de tema que te pueden ayudar si es tu caso.

No quiero saber nada de mi madre, ¿qué puedo hacer?

Ante todo, lo primero que debes hacer es analizar tu relación con tu madre. Así, podrás buscar qué ha podido motivar que te sientas así con ella. Haz un ejercicio de introspección y habla con tus amigos, con tu pareja y, si tienes hermanos, habla con ellos. Puede que, o bien la causa de tu rechazo, o bien esté totalmente justificada. 

Por ejemplo, si tu madre ha sido demasiado estricta cuando eras pequeño en cuanto a la educación, puedes hacer el ejercicio de pensar que ella lo estaba haciendo por tu propio bien y que su intención no era mala. En este caso, nunca está de más olvidarse del pasado y trabajar para volver a construir esa relación que se rompió. Si has llegado a la edad adulta, ya no tendrás nada que temer. Eso sí, poniendo claros tus límites.

En cambio, si tu madre ha tenido y sigue teniendo comportamientos tóxicos en los que te denigra y saca a relucir tus defectos. Si es excesivamente controladora y se mete en tu vida en todo momento, puedes, o intentar mantener una relación cordial con ella o directamente no tener ningún tipo de relación con ella. Recuerda que, aunque se trate de tu madre, tu salud mental debe ser lo primero.

Pero en la mayoría de los casos estas diferencias que hemos establecido no están tan claras y entramos en el terreno del gris. Ya que las cosas no son o blancas o negras. En este caso, debes valorar si el comportamiento de tu madre es lo suficientemente dañino para ti,. Al igual que debes pensar si tu rechazo hacia ella está justificado o no. 

¿Qué hago para mejorar las cosas?

Si se da el caso de querer retomar la relación, ambos podéis acudir a un psicólogo especialista en este tipo de problemas. Este analizará vuestro caso a través de diferentes sesiones de terapia para tratar de descubrir el detonante del rechazo. De esta manera podréis construir juntos esa relación sana que tanta falta os hace.

Como ves, pueden ser muchos los motivos por los que un hijo sienta rechazo hacia la madre. A veces los motivos son externos a la relación entre ambos, como puede ser en el caso de un divorcio con el padre del pequeño. En otras ocasiones, los motivos tienen que ver con la educación. Sobre todo si la madre ha estado muy ausente o ha sido demasiado controladora con su hijo. Y otras, se puede deber a problemas de ansiedad o estrés que pueda tener el pequeño.

Estos motivos crecen con el tiempo si no se solucionan y pueden tener consecuencias muy graves en la relación entre los dos. Sin embargo, si hay voluntad, siempre se puede buscar una manera de arreglar las cosas. Esperamos que este artículo te haya parecido, como mínimo, interesante y te pueda ayudar si tienes este problema.

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