Fobia a la impulsión

Se trata de una fobia bastante desconocida para la gente en general. Por lo que en este artículo te vamos a explicar qué es el terror a la impulsión. Al igual que otro tipo de fobias, este es un tipo de miedo que mucha gente experimenta y que tiene un impacto negativo en todos los aspectos de su vida.

También debemos decir, que este tipo de fobia está relacionada con los pensamientos intrusivos. Ya que las personas que la padecen tienen este tipo de cavilaciones incontrolables. No se trata de simples ideas aisladas que vienen a nuestra mente de vez en cuando. Tampoco tiene nada que ver con el miedo a enfadarse ni con las explosiones de ira o rabia.

Es algo mucho más complejo que todo eso y, por ello, adelantamos que se trata de un tipo de trastorno obsesivo-compulsivo que puede venir de la mano o no de otras enfermedades mentales. Además, suele requerir atención psicológica y psiquiátrica cuando este tipo de pensamientos se vuelven demasiado frecuentes.

¿Qué es la fobia a la impulsión?

Este tipo de fobia es un tipo de trastorno que provoca en la persona un terror insoportable a que, a causa de sus impulsos, ésta pierda el control y termine dañándose a sí mismo y a sus seres queridos. Esta, se manifiesta a través de una serie de pensamientos intrusivos y desagradables. 

Así, la persona afectada, tiene pensamientos terribles y recurrentes acerca de dañarse a sí mismo o a las personas que le rodean. Ésta es consciente de la gravedad de sus pensamientos, ya que en realidad no quiere cometer estos actos ni hacerle daño a nadie. Esto le puede llevar a un estado de constante preocupación y alerta en su día a día. 

Precisamente por la aparición de constantes y repetitivos pensamientos negativos y por las consecuencias que puede tener, se clasifica clínicamente como un tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. 

Síntomas de la fobia a la impulsión

Hemos dicho que este miedo se trata de un tipo de trastorno que puede llegar a ser muy grave e inhabilitante en la vida cotidiana de las personas que lo sufren y afecta inevitablemente a las personas que hay a su alrededor. 

Además, se puede manifestar de manera aislada o venir acompañada de otras enfermedades mentales. Por ejemplo puede acompañarse con el trastorno obsesivo-compulsivo, de una depresión clínica, de un trastorno de ansiedad generalizada o del trastorno de estrés postraumático. Por ello, para reconocerla, es importante conocer los síntomas, ya que pueden dar muchas pistas:

Aparecen pensamientos intrusivos. Estos pensamientos pueden aparecer a cualquier hora del día y de la noche y en cualquier situación. Suelen ser muy molestos, desagradables y muy repetitivos. La persona puede intentar dejar la mente en blanco, pero rara vez tendrá éxito.

Pensar en realizar acciones desagradables. La persona afectada comienza a tener ideas recurrentes de realizar impulsivamente algo concreto.

Disonancia entre lo que quiere y lo que piensa. Generalmente, las acciones que vienen al pensamiento no son del agrado del sujeto, por lo que no quiere realizarlas.

Miedo a perder el control. Debido a la repetición de estas ideas en su mente, la persona puede entrar en pánico por el propio miedo a perder el control y hacer algo que no desea, como puede ser, el hecho de hacer daño a los demás.

Los pensamientos suelen ser violentos o vergonzosos. La persona puede tener ideas de hacer daño a sus seres queridos, o dejarles en ridículo de la peor manera posible, aunque en realidad no quiere hacerlo.

Esforzarse por mantener el control. Quien sufre este tipo de trastorno hace esfuerzos colosales por mantener el control y querer pensar en otras cosas. Pero rara vez tiene éxito y puede llegar a entrar pánico.

Pérdida de confianza en sí mismo. La recurrencia de estas ideas, puede hacer que la persona piense de sí misma que no es alguien de fiar. Y esto puede terminar afectando a la autoestima y a la visión que tiene de sí misma.

Aislamiento social. El miedo a hacer daño a los demás puede derivar en una fobia social y en el pavor a relacionarse con los demás o que estos sepan de su condición. Así que, sin darse cuenta, el sujeto puede empezar a interponer barreras con los demás y, en casos extremos, puede llegar a no querer ni salir de casa.

¿Qué causa la fobia a la impulsión?

Todo el mundo tenemos pensamientos impulsivos en algunos momentos de nuestra vida, sin embargo, cuando les prestamos demasiada atención es fácil que estos se hagan más fuertes y más recurrentes. Especialmente, cuando les damos un significado que de por si no tienen. 

También es cierto que, por un lado, el estrés y el ritmo frenético de vida que llevamos no ayuda. Muchas veces no somos conscientes de los problemas que cargamos a nuestra espalda y no prestamos atención a nuestras emociones. Es entonces cuando el cuerpo intenta que nos demos cuenta de que hay un problema con nosotros mismos, generando este tipo de problemas, entre otros.

Por otro lado, es posible que una experiencia desagradable con gran impacto emocional que tenga que ver con la pérdida de control de los impulsos de alguien cercano o conocido puede actuar como detonante de esta fobia. O también puede deberse a un trauma ocurrido durante la infancia que esté relacionado con esto mismo.

También puede deberse a otro tipo de trastornos o enfermedades mentales que pueden llevar asociados los pensamientos impulsivos, como el trastorno obsesivo-compulsivo, la depresión o el trastorno de ansiedad generalizada.

Debes saber que es imposible tener el control total de lo que pensamos, por lo que, sin el uso de las técnicas adecuadas y la ayuda de un profesional, no vamos a poder dejar la mente en blanco. 

¿Qué consecuencias tiene el miedo a dañar a los demás?

Las consecuencias que puede tener para una persona pueden ser muy variables dependiendo de la gravedad del caso y de la situación. Sin embargo, lo que está claro es que esta fobia tiene un impacto muy negativo en la calidad de vida del sujeto. 

La persona afectada puede tener un cuadro de ansiedad generalizada y ataques de pánico ante el surgimiento de este tipo de pensamientos intrusivos. Por lo que puede, progresivamente, ir evitando acudir a sitios donde haya mucha gente o modificar su conducta para tratar de mantener el control. 

También puede dejar de relacionarse con la gente y aislarse totalmente de los demás. De hecho, puede llegar a la conclusión que no merece la compañía de los demás porque “es mala persona”. En casos extremos, como hemos nombrado anteriormente, la gente que lo sufre, puede aislarse totalmente de la sociedad y no querer salir de casa por miedo a hacer daño a los demás. 

Pueden aparecer sentimientos de culpa, vergüenza o tristeza que, junto con el aislamiento, pueden menoscabar su autoestima y derivar en enfermedades mentales más graves como la depresión. También puede que no quiera hablar de su problema con nadie por miedo a ser juzgado. Ya que puede ser complicado de entender si no sabes de qué se trata.

¿Cómo tratar y superar la fobia a la impulsión?

En los casos más graves, es necesaria la atención psicológica y psiquiátrica. Suele requerir un tratamiento farmacológico que debe complementarse con terapia psicológica para reducir el estrés y la ansiedad que la fobia a la impulsión generan en el sujeto. Esto se puede realizar con la terapia cognitivo conductual. 

Sin embargo, en este caso, no será suficiente, sino que necesitará superar todas las conductas negativas derivadas del problema principal. Como, por ejemplo, la falta de autoestima, las inseguridades, la vergüenza, el miedo a relacionarse con los demás y la depresión.

En cambio, en los casos más leves o más puntuales, podrá bastar con asistencia psicológica y terapia cognitivo conductual. De esta manera, podrán ser conscientes de su problema y tratar de calmar la ansiedad mediante ejercicios de respiración y relajación o mindfulness. 

Complementariamente a esto, se puede realizar algún tipo de deporte y mantener una alimentación sana y equilibrada. Por ejemplo, practicar yoga es recomendable para garantizar un espacio de tranquilidad que se prolonga a lo largo del día y que te ayuda a liberar tensiones.

Además, tener propósitos en la vida, como aficiones o algún proyecto personal puede ayudar a tu mente a distraerse de estas ideas molestas. Por ejemplo, la escritura, el dibujo, la pintura o la música pueden resultar catárticas y ayudarnos con las emociones.

Por último, es muy importante el apoyo y el conocimiento del problema por parte de la pareja, familiares y  amigos para superar el problema. Esto hará que la persona se sienta arropada y querida y que comprenda que su fobia no es algo por lo que deba avergonzarse ni esconderse de los demás.

Hasta aquí este artículo sobre la fobia a la impulsión o el terror a dañar a los demás. Ahora sabes que este miedo no tiene nada que ver con el nivel de enfado ni con el autocontrol de la ira de la persona. Sino que es un problema más profundo de lo que parece y que puede tener consecuencias desastrosas en la vida de quien lo padece. 

Esperamos que este artículo te haya enseñado a conocer bien este problema y con ello hayas aprendido que quien lo sufre no es ni mala persona. Tampoco tiene la intención de hacer daño a nadie, sino que es esclavo de su propio miedo. Con ello también esperamos romper tabúes sobre la salud mental y que puedas entender a alguien, pareja, amigo o familiar, que tenga este problema. Recuerda que una buena actitud por tu parte puede ser de gran ayuda.

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